BLW… una opción; SÓLIDOS… una necesidad

La introducción de la alimentación complementaria en la alimentación infantil es un hito muy importante, y en los últimos años las recomendaciones han sufrido bastantes cambios: hemos pasado de una introducción precoz a los 4 meses al retraso hasta los 6 meses, de unas listas de alimentos y unas indicaciones muy encorsetadas a una libertad casi total a la hora de introducir los grupos de alimentos, que sin embargo a veces genera dudas en los padres, por eso es importante que los Pediatras estemos actualizados en este tema y podamos asesorar (no imponer) en este momento tan importante y bonito del desarrollo del niño.

El modo de introducción de esta alimentación complementaria es lo primero que nos tenemos que plantear, existen distintos modos de hacerlo:

1-Alimentación complementaria clásica en forma de purés, es la forma más frecuente todavía, como se ha realizado en las últimas décadas, como todas las opciones tiene sus pros y sus contras, ya que si bien por un lado da a los padres la tranquilidad de una baja tasa de atragantamientos, cuando hay miedo a dar alimentos sólidos y se rebasan los 12-15 meses de vida sin que el niño tenga contacto con los sólidos se puede generar un verdadero problema a la hora de introducirlos, lo que limita mucho la alimentación a edades más tardías como los 2-3 años.

2-BLW (Baby-Led-Weaning), consiste en la introducción de los alimentos enteros, sin que haya un paso intermedio por comida triturada, y además guiado por el niño, no voy a entrar a describir el método, que si quereis en otro momento os lo cuento con detalle, pero básicamente se le ofrecen al niño distintos tipos de alimentos, preparados de forma que él los pueda manipular fácilmente con la mano y llevarlos directamente a la boca para tomarlos. Suele generar cierto recelo, sobre todo en los abuelos y demás “opinadores cercanos” por la sensación de que el niño al comer entero toma menos cantidad de comida y suele estar lastrado también por el miedo al atragantamiento, que sin embargo, en estudios clínicos publicados no es superior a la alimentación con triturados. Ofrece múltiples ventajas, entre las que están la mayor diversificación de los alimentos que toman los niños alimentados con BLW y puede ayudar a prevenir la obesidad, ya que uno de los principios en los que se basa es en respetar la saciedad del niño y no “meter alimento en la boca” hasta que el adulto considera que el niño se ha alimentado correctamente. Uno de los puntos en contra es la necesidad de que el niño tenga que comer con otros cuidadores distintos a los padres o en escuelas infantiles (guarderías).

3-BLW mixto, aquí voy a entrar en terreno pantanoso, ya que los defensores del BLW estricto llegan a decir que si alternamos solidos con triturados, facilita el atragantamiento, porque con la cuchara se acostumbran solo a tragar y el sólido lo tienen que masticar, sin embargo mi experiencia con padres que lo han hecho de esta forma no es negativa, los niños, aunque estemos hablando de lactantes de 7-8 meses son capaces de distinguir cuando toman un triturado, que pueden tragar con tranquilidad, de un sólido, que tienen que aprender a gestionar en la boca y masticar (aunque todavía no tengan dientes, ya que se trituran los alimentos con las encías y por prensa de la lengua con el paladar. Con esta forma mixta obviamos el problema de que tenga que haber cuidadores que no sean proactivos con el BLW o que tengan un miedo insuperable al atragantamiento o la asistencia a guardería.

Y entonces… ¿Qué hago con mi niño ahora que se acerca la hora de empezar con la alimentación complementaria?

Mi consejo es plantearse la situación, quién va a participar en la alimentación del niño, consultarlo y hablarlo con vuestro Pediatra (aún a sabiendas que hay Pediatras que son poco Pro-BLW), pero en cualquier caso… perderle el miedo a que se atragante y ser atrevido a la hora de darle sólidos al niño, y aunque hayamos decidido darle purés ofrecerle pronto (y se puede hacer desde que se quede sentado estable sin apoyo) alimentos sólidos, dejarle experimentar con la comida, dejarle comer solo, aunque se manche… y sobre todo dos cosas que a veces nos cuesta:

1-Respetar los momentos de hambre y saciedad del niño, no forzarle nunca a comer si no tiene apetito e intentar aprovechar los momentos en los que el niño tiene hambre y esta más receptivo para probar alimentos nuevos.

2-Respetar los gustos del niño, hay lactantes que desde edades muy tempranas rechazan los purés y prefieren alimentos sólidos, esto no hay que vivirlo como una guerra, sino como una evolución en la alimentación de nuestro hijo y aprovecharnos de ello. También es frecuente que el niño pueda rechazar ciertos sabores o texturas, por eso es muy importante probar los alimentos de uno en uno (que además nos ayudará a identificar alguna alergia o intolerancia) y en diferentes formas de presentación: cocidos, asados, a la plancha o al vapor.

Compensa y mucho cuando uno en pocos meses ve los frutos de la “osadía” de introducir los sólidos desde pequeños y de cómo el niño se relaciona de una manera sana con la comida, toma fruta y verdura entera… que son en muchas ocasiones el caballo de batalla de muchos padres.

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